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Lo que se enseñó

Shalom, amados hermanos. Shalom, shalom. Qué alegría inmensa es poder saludar a toda nuestra hermosa audiencia en este día. Les damos una cálida bienvenida a este espacio, recordando que somos la eco comunidad y pues estamos transmitiendo con mucho gozo a través de Ecoradio. Así es, una bendición enorme. Y queremos animar afectuosamente a todos los hermanos que nos escuchan a que a que se mantengan constantes, perseverando en sus lecturas diarias de las escrituras. Es allí donde encontramos nuestro sustento espiritual. Totalmente, es nuestro alimento diario. Exacto. Y bueno, continuando con los estudios de la parashá Shoftim, hoy seguimos con el estudio de la aliyá del día domingo, que trae enseñanzas profundas para nuestra vida.

Amén. Y antes de adentrarnos en estos tesoros maravillosos, vamos a presentar este tiempo delante de nuestro Padre celestial. Bendito eres tú, Adonai, Dios nuestro, rey del universo, que nos elegiste de entre todos los pueblos y nos diste tu Torá. Bendito eres tú, eterno, dador de la Torá. Amén. Amén, amén. Baruj Hashem. Shalom a todos nuestros hermanos, de verdad es una bendición enorme poder compartir este tiempo de edificación y sumergirnos en la porción de hoy. Imagínense esto por un momento, hermanos. Hoy vamos a adentrarnos en un sistema de justicia tan implacable y a la vez tan perfecto, que obligaba al acusador a ser el primero en ejecutar la sentencia.

Wow, sí. Tremendo, ¿verdad? Y también vamos a descubrir por qué, digamos, plantar un simple árbol junto a un altar era considerado alta traición, y por qué el Eterno exige una línea divisoria tan radical entre lo sagrado y lo profano. Es que el elohim de Israel no acepta términos medios, o sea, él es muy claro. Exacto, y es un tema que nos va a confrontar muchísimo hoy. Totalmente. Y es que cuando analizamos esta aliyá nos encontramos de frente con con el diseño original de la justicia divina. Porque el Eterno no es un dios de caos. Claro, de ninguna manera. Él es un dios de orden absoluto y él establece una estructura muy clara para que la comunidad funcione y pues esa estructura comienza con la delegación de autoridad.

Nos habla de nombrar magistrados, los shoftim y oficiales, los shotrim. Y aquí eh aquí es donde quiero detenerme un segundo, porque a veces leemos jueces y oficiales y no sé, pensamos que es lo mismo. Sí, se suele confundir. Pero hay una diferencia abismal en sus funciones. Para que todos lo visualicemos mejor, pensemos en una obra de construcción. A ver. muro, pero el oficial, el schoter, es el inspector de la obra, el que asegura que los trabajadores sigan esos planos al pie de la letra. Ah, me encanta esa analogía. Claro, porque si tienes la sabiduría del juez, o sea, del arquitecto, pero no tienes al oficial para hacer cumplir la ley, pues la justicia se queda en mera teoría.

Exacto, no se materializa. Y si tienes al oficial actuando sin la sabiduría del juez, tienes tiranía. Se necesitan ambas partes funcionando en perfecta sincronía, ¿verdad? Así es. Y la base que hace que estos dos funcionen sin corromperse es un concepto hebreo hermoso y muy profundo, que es la palabra Sédek. Sédek. Sí. Normalmente nosotros lo traducimos simplemente como justicia, pero en el pensamiento hebreo, Sédek va mucho más allá de aplicar un código penal frío. Implica rectitud, implica equidad, hacer lo correcto delante de los ojos del creador.

Amén. Por eso la instrucción advierte con una severidad enorme sobre no torcer el derecho y sobre todo no aceptar soborno. Pero seamos honestos y aquí eh quiero hacer una pequeña pausa para reflexionar con nuestra comunidad. Claro. La naturaleza humana tiende a la parcialidad. Todos, absolutamente todos, tenemos simpatías o, no sé, intereses personales. Entonces, ¿cómo evita un líder, un juez en nuestras comunidades hoy, ser influenciado? O sea, ¿qué es lo que realmente hace el soborno a nivel espiritual? Esa es la pregunta clave y el texto nos da la respuesta exacta, dice que el soborno ciega los ojos del sabio.

Ciega los ojos. Tremendo. Y no es una metáfora ligera, fíjate, a nivel psicológico y espiritual, cuando una persona acepta un beneficio indebido, su percepción de la realidad se altera por completo. Su mente empieza a, pues, a justificar lo injustificable. Y empieza a torcer las cosas. Exactamente. La persona pierde el discernimiento, que es esa capacidad maravillosa de ver las cosas como Hashem las ve. Es una ceguera espiritual literal. Y por eso Yeshúa, nuestro Mesías, nos enseña en el Brit Hadashá en Juan 7:24, él dice, "No juzguen según las apariencias, juzguen con justo juicio".

Nos está pidiendo operar en Sédek. Así es, en Sédek. Y el rey David lo confirma en Tehilim, en el salmo 15, cuando hace esa pregunta tan profunda de quién puede habitar en el monte Kadosh. Y la respuesta es clarísima. Exacto, aquel que acepta soborno contra el inocente. La intimidad con Dios está directamente ligada a nuestra rectitud aquí, en lo terrenal. Wow, qué tremendo. O sea, que si Hashem exige una pureza absoluta en los tribunales terrenales, pues es lógico pensar que esta, digamos, esta tolerancia cero hacia la corrupción se extienda directamente a cómo nos acercamos a su altar. Por supuesto, van de la mano.

No podemos ser justos en las calles de la ciudad y tener prácticas contaminadas en el servicio a Dios. Y fíjate que esto nos lleva a un punto de la aliyá que siempre me ha causado mucha curiosidad. ¿Cuál? Inmediatamente después de hablar de los jueces, la escritura dice tajantemente que no debemos plantar ningún árbol ritual junto al altar de Yahvé, ni erigir columnas de piedra, porque él las detesta. Sí, usa una palabra muy fuerte. Y uno se pregunta, ¿por qué un simple árbol o una piedra causan tanto aborrecimiento en el Eterno? Bueno, para entender ese porqué, tenemos que sumergirnos un poquito en el contexto histórico y, digamos, en la psicología humana de aquella época. En las culturas antiguas, cuyos orígenes de idolatría vienen desde Babel, Babilonia, Claro, la cuna de la idolatría.

Exacto. La adoración siempre dependía de lo visible, de lo que podían tocar. Los pueblos cananeos, por ejemplo, plantaban árboles frondosos, las famosas aseras, y erigiendo beliscos que muchas veces representaban cultos fálicos y de fertilidad. Barminán, puras abominaciones. Así es. Eran formas de intentar manipular a la deidad para obtener buenas cosechas. Entonces el Eterno, al prohibir esto radicalmente, está diciendo, "Mi altar no tiene nada que ver con la manipulación." Wow. Claro. Ustedes se acercan a mí en espíritu y en verdad, no a través de elementos físicos que los conecten con las costumbres de las naciones paganas.

Entiendo perfectamente. Es esa tentación terrible del sincretismo, porque seamos sinceros, es mucho más fácil para el ser humano adoptar las costumbres visuales de las culturas que los rodean, pues para no sentirse tan diferente. Sí, para encajar. Exacto. Es como si alguien intentara decir, "Bueno, voy a poner este obelisco o voy a poner este árbol adornado, pero no se lo voy a dedicar al dios cananeo, se lo voy a dedicar a Hashem." Y el Eterno dice un rotundo no. Yo detesto eso. Y fíjate que esto ha infiltrado la historia de la fe a lo largo de los siglos. Lamentablemente, sí. Muchas tradiciones religiosas han absorbido costumbres paganas bajo la excusa de que es una buena herramienta para evangelizar.

Claro, para hacerlo más amigable. Exacto, dicen, "Vamos a usar esto para atraer a más gente." Pero ante los ojos del Elohim de Israel, eso es una abominación, es mezcla. Él exige ser adorado exclusivamente como él lo ha dictaminado en su Torá. La mediocridad o la mezcla en el servicio a Dios es, pues, inaceptable. Y hablando de eso, esto conecta perfectamente con la instrucción en el versículo 17:1 sobre no ofrecer animales con defectos, ciegos o cojos. Uy, sí, ese es un punto crucial. Y aquí quiero usar otra analogía.

Imagínense que somos invitados a la casa del presidente del país, a una cena importantísima. Bueno, uno se pone su mejor ropa, ¿no? Totalmente. Y a la hora de llevarle un regalo, tú no le vas a llevar un regalo roto o sucio, o peor aún, las sobras de tu comida del día anterior. Qué vergüenza, no. Sería un insulto gravísimo, pues cuanto más reverencia merece el rey de reyes y señores de señores. Cuando le ofrecemos a Dios un servicio con defectos, estamos declarando con nuestras acciones que que él no es verdaderamente nuestro rey. Así es, le estamos perdiendo el respeto. Y cuando perdemos ese respeto reverente, caemos en lo que el texto aborda inmediatamente después, que es el adulterio espiritual, la idolatría.

Exactamente. La instrucción de hoy nos advierte sobre el peligro de ir y servir a otros dioses, de postrarse ante el sol, la luna o el ejército de los cielos. Y quiero detenerme aquí porque hay una explicación muy profunda del comentarista Sforno. A ver, cuéntanos. Él explica que el ser humano, al ver que el sol da luz y calor o que la luna, digamos, afecta las mareas, empezó a pensar que estos astros tenían poder independiente, que tenían voluntad propia. Se deslumbraron con la creación. Sí. Empezaron a adonar a la creación en lugar del creador. Y la Torá nos recuerda tajantemente que estos astros son solo herramientas, son siervos creados por Hashem para cumplir funciones muy específicas.

No tienen ningún poder en sí mismos. Ninguno. Y fíjate que esto no se quedó en el pasado antiguo. No podemos ignorar el error histórico gravísimo de ciertas religiones que decidieron cambiar el día de reposo establecido por Dios, nuestro glorioso Shabat. Así es. Lo cambiaron para instituir la adoración en el día domingo, que históricamente era el día del sol, dedicado a la veneración del sol. Claro, el Sunday. Es exactamente el mismo principio del que advierte este texto. Postrarse ante costumbres ligadas a la adoración solar. Y es una violación directa, una transgresión al principio supremo del Shemá, que está en Devarim de Deuteronomio 6. Amar a Yahvé de todo corazón.

Así es. Entregarle nuestra devoción a un sistema que él no instituyó, es adulterio espiritual. Por eso las consecuencias en la antigüedad eran, pues, la lapidación. Era severo. Y ahí, justo ahí quiero plantear una perspectiva alternativa. Porque sé que muchos de los hermanos que nos escuchan, al leer esta aliyá, pueden sentir un choque. Es comprensible. Porque, o sea, viendo la severidad de este castigo, la lapidación, ¿cómo protegía la Torá a alguien de ser acusado falsamente? Porque la naturaleza humana, Barminán, es perversa. Sí. Se presta para calumnias. Imagínate, por envidia o por un pleito de tierras, alguien podía señalar a su vecino de idolatría solo para que lo mataran y quedarse con sus bienes.

¿Cómo operaba la justicia ahí? Esa es una excelente observación. Y es aquí donde brilla el cédek de Hashem. La Torá jamás permitía un juicio a la ligera o basado en suposiciones. Para evitar esa venganza personal, se exigía el testimonio irrefutable de dos o tres testigos. Dos o tres testigos mínimo. Mínimo. Una sola acusación no era válida. Había que hacer una investigación cabal. Pero ojo, aquí está el detalle impactante que mencionaste al principio del programa. Así, la ejecución. Exacto. Los testigos debían ser los primeros en ejecutar la sentencia.

Ellos tenían que arrojar la primera piedra. Uf. Qué carga tan inmensa. Imagínate el peso psicológico. Hoy en día es muy fácil levantar un falso testimonio en redes sociales y destruir a alguien. Pero en ese tiempo, si tú acusabas a tu hermano, sabías que tendrías que mirarlo a los ojos y quitarle la vida con tus propias manos. Wow. Eso eliminaba por completo los testimonios ligeros. Totalmente. Si mentías, la sangre de un inocente caía sobre tu cabeza. Así era como verdaderamente se extirpaba el mal de la comunidad, infundiendo un temor reverente a decir la verdad. Es que es un sistema perfecto, respaldado por testimonios verdaderos y con una responsabilidad personal enorme.

Pero bueno, avanzando en la aliyá, ¿qué sucede cuando ni los jueces locales ni los testigos logran descifrar un caso? A veces pasa, hay casos muy complejos. Claro. En los versículos 8 al 10, vemos que cuando un caso civil o de homicidio es demasiado confuso, la Torá no los deja a la deriva, provee, digamos, una corte suprema. Así es, los sacerdotes levíticos. Exacto. Y se requiere mucha humildad para un juez local decir, "Oigan, esto me supera, necesito ir a consultar a los sacerdotes." Me recuerda muchísimo a Michle, a proverbios 11:14, "El éxito depende de los muchos consejeros." Qué importante es esa humildad en el liderazgo de nuestra kehilá hoy en día, ¿verdad?

Amén, vital. Pero fíjate que la aliyá también trae una advertencia muy solemne en el versículo 12 sobre el actuar presuntuoso. El actuar con soberbia. Sí. Desobedecer el dictamen de esta autoridad impuesta por Yahvé era considerado desobedecer a Yahvé mismo. La rebeldía es pecado de adivinación. Y si vamos al Brit Hadashá, vemos esta misma sujeción al liderazgo en la carta a los hebreos en Ibrim 13:17. ¿Qué nos dice allí? Nos exhorta a obedecer y someternos a los dirigentes de la fe, porque ellos velan por nuestras almas. Los fines del juicio divino, fíjate, son dos. Uno es castigar la falta, pero el otro es servir de advertencia a toda la comunidad.

Para infundir un temor reverente. Exacto. Para que nadie se ensoberbezca y vuelvan a pecar. Es que el eterno cuida de su pueblo en cada detalle. Hermanos, el tiempo se nos va volando en las escrituras. Vamos a hacer un eh un repaso muy dinámico de los puntos centrales que hemos aprendido en esta hermosa aliyá de hoy. Claro que sí. Primero vimos la importancia de la justicia imparcial. Entendimos que el sédek requiere estar libres de sobornos para que nuestros ojos espirituales no se cieguen. Así es. Y en segundo lugar, vimos que debemos darle a Hashem nuestra absoluta excelencia, rechazando toda mezcla pagana y toda mediocridad en nuestro servicio.

Cero sincretismo. Amén. También aprendimos sobre el cuidado extremo al juzgar, recordando que toda acusación, especialmente en temas tan graves como la idolatría, debía estar respaldada por testimonios verdaderos y responsables. Y por último, el respeto y la sujeción al liderazgo que el Eterno ha establecido para nuestra bendición, porque la rebeldía destruye, pero la obediencia trae paz a la comunidad. B'ezrat Hashem ha sido un estudio maravilloso. Y para cerrar, hermanos, me gustaría dejarles un pensamiento profundo para que eh para que lo meditemos durante todo este día. Es una aplicación personal de lo que acabamos de estudiar.

Adelante, te escuchamos. Hermanos, hoy ya no ofrecemos ovejas ni toros literales, pero sí ofrecemos nuestro tiempo, nuestro talento y nuestra obediencia. Preguntémonos con sinceridad, ¿estamos ofreciendo a nuestro Dios sacrificios con defecto en nuestro día a día? Wow. ¿Le damos a Hashem nuestras obras de tiempo cuando ya estamos agotados, o le entregamos verdaderamente las primicias de nuestro corazón, libre de cualquier ídolo moderno? Qué confrontación tan necesaria. Revisemos nuestro altar personal, hermanos. Sigan escuchando buena música y alabanzas. Los esperamos en el próximo análisis de la aliyá que hacemos todos los días en nuestros horarios de 7:00 de la mañana, 1:30 de la tarde y 6:30 de la tarde.

Shalom, shalom.

Transcripción revisada por la kehilá. Si encuentras algo que no cuadra con lo que se dijo, escríbenos y lo corregimos.